jueves, 10 de octubre de 2013

Tlalpan


Hace algunos años, me aferré a la vida en Tlalpan.
Los cristales se hundieron y pensé que se reventarían en mi cabeza.
Pero no pasó.
No tuve tiempo ni de pensar en morir.
Cuando me di cuenta, sólo escuché un estruendo y todo se sacudió.
Creo cerré los ojos...
y como típico en mí, ni grité...ni siquiera un ouch. Me quedé mudo.
Pero no pasó nada, de hecho.

Tuve miedo eso sí, pero salí completito y de una pieza.
Funcionando como relojito suizo.
Siempre hay accidentes.
Siempre hay nota roja para los periódicos esos.
Pero ese día no llegaron y yo los esperaba para decirles
¡Mírenme, no me pasó nada!
y sigo vivo.

Nunca olvidaría que la estación era registro federal.
Esa noche pensé que era como un gato.
Me había gastado otra de mis vidas.

Años más tarde, me gasté otra vida en el mismo lugar.
Esta vez mi integridad física nunca estuvo en riesgo.
No choqué. No iba en auto, esta vez era mi alma y mi integridad emocional
la que clamaba por otra oportunidad.

Hace menos meses, me aferré a la vida en Tlalpan.
Las razones se hundieron y pensé que me desquiciaría.
Pero no pasó.
No tuve tiempo ni de pensar en morir.
Cuando me di cuenta, sólo escuché un estruendo y todo se sacudió.
Creo cerré los ojos...
y como típico en mí, ni grité...ni siquiera un ouch. Me quedé mudo.
Pero paso todo, de hecho.

No tuve miedo, eso no, pero sabía que nunca volvería a estar completito y de una pieza.
Funcionando a medias, como ipod cuando se moja.
Siempre hay accidentes.
Siempre hay nota roja para los periódicos esos.
Pero ese día tampoco llegaron y yo los esperaba para decirles
¡No me miren, me pasó todo!
...y sigo vivo.